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ÁNGEL ZAPATA
El trabajo es el fuego vivo, formador, la transitoriedad
de las cosas, su temporalidad, así como su modelación
por el tiempo vivo.
Karl Marx
«El texto —ha escrito Roland Barthes— no se ex-
perimenta más que en un trabajo, en una produc-
ción.» De manera que habrá que deshacerse, ya de
entrada, del equívoco que asimilaría la praxis de la
lectura al comentario más o menos «escolar»: desde
este punto de vista, la táctica y los métodos habitua-
les del comentario de texto aparecen como un pro-
cedimiento normativo, intensamente ideológico, y
orientado —como no podía ser menos— a reducir
la extrañeza, a protegernos de ese Real traumático
que todo texto vehicula, a escamotear su efecto de
verdad. El comentario es una formación reactiva,
una defensa. El comentario domestica el texto for-
zándolo a que aparezca tras la rejilla de un saber; y
de un saber, no es necesario recordarlo, estratégica-
mente apuntalado sobre la lógica de la identidad. El
comentario quiere entender el texto. Lo cual no viene
a ser sino una forma desviada de no querer el texto
mismo, con su articulación inevitablemente en falta
—por exceso, por defecto— en relación al saber.
*
El texto es esa sucesión de intermitencias en que
la Obra se desvía del surco trazado, en que —etimo-
lógicamente— delira.
*
El texto, con todo, no es sin saber, no se produce
exactamente sin saber, sino por fuera del saber. Si-
guiendo una vez más a Barthes, llamo texto a todo
aquello que en la Obra no se deja integrar en la eco-
nomía de un sentido: a ese trabajo en red —profun-
damente contra-producente— que de continuo
drena y disemina las certidumbres del Significado.
El texto es el lugar u-tópico donde la Obra titubea,
su zona in-firme, en-ferma; su empuje irregular
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