incompatible con la condición del escritor que es- cribe —como prueba el ejemplo de un autor como John Gardner.3 Sin embargo, es importante tener presente en este debate que el hombre de pluma concentra su in- vestigación y esfuerzo fundamentalmente en el de- sarrollo de un estilo propio. Un estilo en el que en definitiva se cimenta su posible prestigio y que le avalará para transmitir su saber personal sobre las apuestas técnicas concretas en las que ha profundi- zado para construir sus obras: los recursos que el sentido común y la intuición han señalado como los más efectivos para los temas, el universo sensible y la recreación del mundo que ha orquestado su ima- ginación. Por importante que sea su aportación, no signifi- ca que se haya preocupado por estudiar todas las técnicas alternativas, o directamente excluyentes, a las que él ha puesto en práctica. Algunos autores más, otros menos. Arte e intuición van demasiado de la mano para que el mero hecho de, por ejemplo, haber escrito excelentes novelas, implique necesa- riamente ser un estudioso de la técnica de la novela en todas sus dimensiones, algo que sí debería avalar quien, por ejemplo, impartiese un taller introducto- rio a la novela. El escritor con una madurada personalidad artís- tica es, en definitiva, especialista en sus propias téc- nicas (las elige o las encuentra, sin agotar el espec- tro) y son éstas las que mejor puede transmitir a un potencial alumnado, que sacará mayor provecho cuanta más afinidad sienta con la personalidad lite- raria de quien imparta el taller. Antes que repasar todas las miradas posibles, tenderá a educar una manera de mirar en particular. Enseñar esa determi- nada manera puede ser de un gran valor para el alumnado especialmente interesado en el estilo que genera. Además, compartir su recetario es un nota- ble acto de generosidad por parte de su patrocinador. Sin embargo, la mayor responsabilidad de un buen profesor de creación literaria, más allá de transmitir su mayor o menor experiencia como es- critor, a nuestro modo de ver debería ser dar claves a los no iniciados sobre buena parte de los caminos posibles para enfrentar el proceso creador, así como adiestrarlos en el conocimiento y la práctica de las distintas técnicas que se despliegan en el amplio abanico de los recursos literarios. Ese es, en defini- tiva, el objetivo esencial de una enseñanza básica, mixta y plural de la escritura creativa. Será cada principiante, con el paso de los años y una vez ___________________________
3Reconocido novelista estadounidense, profesor de creación literaria (Raymond Carver fue uno de sus más devotos alumnos) y autor de varios libros ya clásicos sobre escritura creativa, entre los que destacan El arte de la ficción y Para ser novelista, publicados ambos por nuestra editorial.
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