CUADERNO DE IDEAS

    En Fuentetaja procedemos de una preocupación
muy antigua centrada en lo pedagógico. En 1983, el
primer taller originario impartido por uno de noso-
tros, Ramón Cañelles, estaba dedicado a profesores
de Lengua y Literatura, con la vista puesta en la ido-
neidad de su aplicación en la escuela. Inspirados en
esa antigua inquietud, siempre hemos defendido que
el mejor profesor de escritura creativa no es necesa-
riamente el escritor profesional que ha conquistado
un prestigio indiscutido con el conjunto de su obra.
Por contra, dada la amplitud de la materia y la enor-
me cantidad de tiempo que exige auto-formarse en
los objetivos, las exigencias y la lógica de los talleres
literarios, la vida profesional de un escritor de cier-
ta ambición, que de por sí suele exigir una dedica-
ción casi exclusiva —al fin, ser escritor es funda-
mentalmente una forma de vida—, difícilmente se
puede conciliar con una especialización rigurosa en
didáctica de la escritura creativa en su sentido am-
plio. Como decíamos, la gran mayoría de los profe-
sores son fundamentalmente autodidactas, a falta de
escuelas que preparen específicamente para ser pro-
fesor de escritura creativa. Lo que obliga, al menos
teóricamente, a un esfuerzo y a un gasto de tiempo
mucho mayor que el que permitiría una enseñanza
reglada.
    Pensamos que el mejor profesor de escritura —al
menos en su nivel básico, en el que cabe agrupar al
grueso del movimiento de alumnado en los talleres
literarios— es aquel que, amante incondicional de la
Literatura, aficionado a la escritura misma, sin re-
nunciar a escribir, sacrifica parte de su carrera
como escritor o la alterna de manera casi dolorosa
—muchos profesores la sacrifican casi al comple-
to— y dedica una parte vital de su tiempo a profun-
dizar e investigar en el vastísimo campo de la
didáctica aplicada a la enseñanza de la escritura
creativa, así como a la exploración y selección de las
técnicas literarias que tiene sentido incorporar en
los distintos programas de sus múltiples ramas.
    Más que ser un escritor, el profesor de escritura
creativa debe tener la habilidad de saber leer como
si fuese un escritor. Es su condición de lector, de
buen lector que sabe descifrar todas las claves que
un escritor —cualquier escritor— pone en juego en
el texto, la que le acredita cara al alumno. Aún más
importante si cabe será, conviene recordarlo, su
condición de lector de intenciones, pues es lo que el
alumno pretende (cuando no lo consigue), el frente
de trabajo fundamental de la relación profesor-
alumno en un taller literario.
    Por supuesto, una amplia preparación en la di-
dáctica de la escritura creativa no es por definición







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