en las más privadas o con titulaciones más sofistica-
das. No se debe olvidar que cuando los Talleres de
Escritura Creativa Fuentetaja comenzaron, hace
más de veinte años, no había más que dos o tres pe-
queños talleres de escritura en toda España, cuyo
alumnado apenas rebasaba el centenar de partici-
pantes; sus primeros profesores llegaron de Argenti-
na —algunos procedentes de un reciente exilio— y
aportaban los fundamentos de una breve tradición,
la argentina, a años luz por entonces del desinterés
que inspiraba aquí asumir la técnica literaria como
un arte susceptible de ser transmitido dentro de un
sistema didáctico.
En aquel tiempo, participar en España en un ta-
ller literario era poco menos que una extravagancia.
De hecho, la mayoría de los escritores españoles
desconocían por entonces lo que era un taller litera-
rio. Es más, las hemerotecas guardan declaraciones
desconcertantes de algunos escritores de renombre
desdeñando las primeras noticias del fenómeno, por
entonces apenas incipiente. Más de uno, con el tiem-
po, no tuvieron escrúpulos en cambiar su opinión y
sumarse a la nueva tendencia, siempre que fuese
respetado el caché de primera división que les adju-
dicaba la fama —que no la experiencia para impar-
tir talleres—. Devotos alumnos estuvieron dispues-
tos a desembolsar vertiginosas cantidades de dinero
sin quizás pararse a pensar demasiado qué estaban
pagando. De repente, aprender escritura creativa
valía oro y había gente dispuesta a desembolsarlo
para contagiarse del brillo que emanaban los nom-
bres de escritores famosos. Habría que advertir que
todavía hoy aparecen periódicamente propuestas
empresariales de talleres que juegan de forma explí-
cita en su publicidad con este tipo de reclamos.
Anécdotas al margen, las cosas han cambiado
desde entonces en lo que fue el antaño desierto de la
escritura creativa en España. En Fuentetaja, a pesar
de la impericia y la improvisación que dominaron
nuestros primeros años en la brecha, hemos colabo-
rado a ello de forma determinante con una muy an-
tigua estrategia de popularización de los talleres de
escritura y con la laboriosa puesta a punto de una
estructura sólida que permitiese el desarrollo de la
investigación en escritura creativa. Estructura en la
que nuestra editorial, a pesar de las consabidas difi-
cultades propias del mundo del libro, es una pieza
esencial. La oferta de talleres de creación literaria
en nuestro país es hoy más numerosa que nunca;
bienvenida sea.
En esa eclosión han tenido un papel determinan-
te las iniciativas a distancia, de cuyo sistema hemos
sido pioneros con la creación hace veinte años de un
método que hoy se encuentra clonado en ofertas de
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