Hasta ahora, para ser profesor de escritura crea- tiva sólo era necesario demostrar amor por la litera- tura, pasión por la escritura misma y haber partici- pado de forma aventajada en algún taller literario con un profesor de suficiente prestigio y experiencia —requisito, por cierto, descuidado con frecuencia por algunas plataformas de talleres al seleccionar sus profesores—. En ese sentido, habría que reivin- dicar la labor de Ángel Zapata, quien ha formado a toda una generación de profesores que fueron pri- mero alumnos suyos, varios de los cuales firman algún artículo en esta recopilación. Y, al menos en el ámbito madrileño (el más dinámico de nuestro país), habría que reconocer también la labor pione- ra de Clara Obligado y, años más tarde, la de Enri- que Páez. Los talleres de ambos han sido cantera de valiosos profesores, algunos de los cuales colaboran hoy con nosotros. Sin embargo, nos parece que ha llegado la hora de elevar entre todos el nivel de exigencia, con vis- tas a la madurez de ese taller literario por venir, y ayudar así a que pueda defender su sentido también desde un compromiso decidido con la reflexión teó- rica y una producción suficiente de propuestas prác- ticas abiertas al debate colectivo. Aunque, antes de sembrar el futuro, conviene echar una mirada atrás y lanzar un aviso para nave- gantes. DE LA FALTA DE TRADICIÓN A UNA ATROPELLADA ECLOSIÓN La disciplina de la Escritura Creativa1 ha evolu- cionado de forma un tanto caótica en España. La causa más visible ha sido la falta de una tradición que haya servido de referencia, y que hubiese per- mitido discutir y desarrollar los que pudieran haber sido sus primitivos supuestos. Siempre ha sido la gran olvidada de la educación artística, no sólo en las escuelas, también en las universidades, incluso ____________________
1El uso del término Escritura Creativa —entendida ésta como una discipli-
na que engloba toda la variedad de iniciativas didácticas que comúnmente se
convocan bajo la denominación de talleres de creación literaria, talleres lite-
rarios o cursos de escritura— se remonta en España a los primeros talleres
literarios en el comienzo de la década de los ochenta y es heredera del térmi-
no anglosajón Creative Writing. El tiempo ha dotado al término de un matiz que
lo distingue de su casi sinónimo Creación Literaria —en Fuentetaja, el primer
taller originario tenía esta última denominación y, en general, en nuestros tex-
tos usamos alternativamente uno u otro, pues consideramos ambos válidos en
el contexto en el que nos desenvolvemos, además de que ayuda a no ser dema-
siado repetitivos con el uso sistemático de un solo término—. Este matiz pone
a la Escritura Creativa más en relación con la práctica de la enseñanza. Es
decir, con aquella parte del oficio que se puede transmitir, siendo más fre-
cuente el uso de Creación Literaria en las colecciones editoriales que publican
Literatura. Se podría afirmar, y esto es una sugerencia que pueda quizás cola-
borar al debate terminológico, que cuando se estudia Escritura Creativa se
acabará por hacer Creación Literaria —aunque también se pueda estar hacien-
do mientras tanto—. Calificar a algo como Literatura, está más en manos del
lector que en las del autor. En rigor, habría que esperar a que un texto sea
publicado y juzgado desde los distintos cánones de la crítica y por el suficien-
te número de lectores para ganar legítimamente esa categoría. De ahí quizás
la conveniencia de, en el contexto didáctico, mesurar el uso y abuso del térmi-
no «literario» y tratar de inclinar la balanza hacia el término Escritura Creati-
va, que es lo que decidimos cuando asignamos a nuestro proyecto el nombre
de «Talleres y Ediciones de Escritura Creativa Fuentetaja».
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