cios que una elección así puede acarrear a sus vidas. Al menos a poco que se tomasen con seriedad un ofi- cio para el que nunca se acaba de alcanzar la titula- ción definitiva —la única reseñable la concede la posteridad, incluso en su versión de la eterna in- comprensión—. Un oficio, en definitiva, tan difícil de ejercer sin determinadas concesiones; entre las más usuales: a la comercialidad, al espectáculo, al entretenimiento, a la repetición, al plagio, al confort intelectual cuando no abiertamente a la autocom- placencia. Concesiones a cosas desgraciadamente tan comunes y que tan poco tienen que ver con la verdadera literatura. Respetamos demasiado a la Literatura, y aún más a las personas que se interesan por ella, para hacerle creer a todo el mundo que puede ser escri- tor por el mero hecho de escribir un cuento, publi- car una novela o pasar unos gratos e incluso prove- chosos años en un taller literario. Todo eso, a nues- tro modo de ver, sería confundir gravemente las cosas. Por esa razón en Fuentetaja tratamos de ser lo más pudorosos posible en cuanto a las expectativas de publicación de los ejercicios del taller, evitando fórmulas de publicación indiscriminada de la obra de los alumnos. Es justo reconocer la legítima satis- facción que los alumnos sienten al ver impresos sus esfuerzos en el ámbito de un taller. Sin embargo, hay que ser muy cuidadosos para no crear falsas ex- pectativas sobre el valor real que este tipo de publi- caciones aportan al paisaje literario. Aunque en estas publicaciones puedan surgir ocasionalmente obras de cierta originalidad y alguna vez puedan su- poner una aportación indudable, su sentido no es el de descubrir talentos literarios sino el de gratificar un esfuerzo sostenido dentro de una disciplina de aprendizaje. El objetivo más urgente de los talleres literarios, aunque a muchos se les ha despistado su vocación originaria y han inflado de pretenciosidad su fenó- meno, es todavía hoy, y lo será cuanto menos du- rante varias décadas más, suplir esa inmensa laguna que la educación pública no supo atender y que tar- dará mucho tiempo en comenzar a incorporar de forma fiable al sistema educativo básico, con el mismo grado de profesionalidad y criterio pedagó- gico que la Música, la Historia o la Geografía. Aun- que a veces las fronteras puedan no ser claras —y muy lejos de nuestra intención estaría el abogar por el establecimiento de estrictas aduanas que exami- nen con desconfianza los pasaportes de quienes son escritores y quienes no lo son—, confundir ese obje- tivo con la formación del «escritor» es algo que con- sideramos peligroso. Y es precisamente este peligro lo que nos convoca a alentar una reflexión más pro-
Si deseas recibir periódicamente información de nuestros talleres y actividades, escribe aquí tu mail.


