haber sido responsabilidad del sistema de enseñan-
za público habilitar en cada persona. Es decir, para
nosotros estamos ante una cuestión de educación
básica.
A nuestros ojos se hace evidente que en el ser hu-
mano late la necesidad de contar historias mucho
antes que la necesidad de las Matemáticas o la Lin-
güística, disciplinas que se imparten a los niños
desde muy temprana edad, ésta última en detrimen-
to de lo que debería ser una asignatura menos teóri-
ca y más centrada en el desarrollo real y creativo del
uso del lenguaje. Los talleres Fuentetaja surgieron,
valga la anécdota, de la decepción que provocó en
su fundador, cuando transitaba como estudiante las
tristes aulas de una Escuela de Magisterio madrile-
ña, el hecho de que el sistema escolar, por extensión
el de formación de los maestros, obviase la ense-
ñanza de una asignatura que habilitase mejor para
intercambiar los relatos de nuestra experiencia y de
nuestra memoria colectiva. En aquella escuela uni-
versitaria de futuros maestros, los alumnos no eran
capaces de contar con un mínimo de detalle y color
siquiera lo que les había ocurrido el día anterior.
Volviendo al tema que nos ocupa, al margen del
deseo legítimo que cualquier persona pueda alber-
gar por llegar a ser considerado escritor, no se debe
confundir a la gente y alimentar unas expectativas
que pueden acarrear muchos malentendidos y gran-
des frustraciones. Aprender a escribir de forma cre-
ativa está al alcance de cualquier persona; de hecho,
cualquiera puede sacar beneficios inequívocos de
ese aprendizaje. Hacerlo con talento, está al alcance
de unos pocos. Y, al margen del aprendizaje realiza-
do o el talento en ciernes, ser escritor —en el senti-
do que tratamos de defender para esa palabra:
poner a la pasión por la escritura en el primer plano
de la vida, ser capaz de provocar en el lector emo-
ciones profundas (y verdaderas), darle la clave de
acceso a un conocimiento hasta entonces inédito—,
ser escritor, decíamos, es algo que requiere un grado
de disciplina y dedicación —en su condición de per-
manente observador, abarca todas las esferas de la
vida— que está al alcance de muy pocas personas
asumir. Y para lo que, por cierto, ninguna escuela o
institución podrán conferir el grado de licenciado.
Uno de nuestros empeños más decididos es tratar
de colaborar a que la Escritura Creativa se conside-
re una disciplina de gran importancia en la forma-
ción de la persona —de cualquier persona—, y a que
en esta disciplina se diferencie de la forma más níti-
da y honesta posible un espacio aparte y bien deli-
mitado en el que se podría considerar de forma seria
la formación de quienes opten por tratar de ser es-
critores, asumido el riesgo de las penurias y sacrifi-
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