teado y ejercitado el suficiente número de posibili-
dades, quien, en función de sus aspiraciones, esco-
gerá las miradas que más le interesan para seguir
profundizando en la búsqueda de un estilo propio.
Paradójicamente, la enseñanza de todo arte (en
contraste con la enseñanza de las ciencias, incluidas
las humanidades) cierra su ciclo formativo con un
consejo que a veces desconcierta al alumnado —y
que tanto contraría la autosuficiencia de las titula-
ciones—: ha llegado la hora de que olvidéis todo lo
que se os ha enseñado y os pongáis a escribir a la luz
esencial de lo que haya podido quedar depositado en
vuestra intuición y de lo que a partir de ahora ésta
sea capaz de iluminar por sí misma; no permitáis
que un exceso de erudición técnica oscurezca la na-
turalidad de vuestro pálpito, pues es de ahí de donde
surgirá cualquier destello de verdad al que vuestro
arte pueda aspirar.
MENTE CLARA Y CORAZÓN ABIERTO: TALLER
LITERARIO Y ESPACIO TERAPÉUTICO.
Además de su capacidad para iluminar o revelar,
con un fruto reseñable, territorios nunca antes ex-
plorados, o explorados de forma insuficiente, pensa-
mos que lo que diferencia al escritor con estilo pro-
pio del aficionado a la escritura o del mero artesano
o ingeniero de la palabra, es que su escritura fluye,
que no tiene que estar ingenuamente lastrado por
las dudas sobre el cómo porque éste ya está indiso-
lublemente fundido con el qué. El rigor del oficio se
concentra ya por entero en poner toda la sensibili-
dad y la inteligencia a plena disposición de los ecos
del mundo que lo rodea. La tendencia del poeta,
amén de puntuales forcejeos, no es la de pelearse
con las palabras —con independencia de que el len-
guaje, sobre todo en su calidad de medio que cola-
bora en forma fundamental a objetivar socialmente
la realidad, sea el verdadero campo de batalla de la
literatura—. Al contrario, el escritor sensible man-
tiene una relación de permanente seducción de
doble sentido con las palabras. Y la única seducción
que funciona es aquella en la que el pulso no tiem-
bla. Textos en los que el eco de la realidad transpira
sincero, sin forzamiento, de forma sutil. En definiti-
va, es a la sobrecogedora contundencia de la sutile-
za a lo que comúnmente llamamos poesía.
Quizás la labor más frágil y en cierto modo para-
dójica de la enseñanza en un taller literario es, sin re-
nunciar a la inevitable fase del ejercicio (que podría
desviarse hacia una complaciente tendencia al alar-
de), cómo mostrar que el camino de la emoción
—objetivo de todo arte es transitar la realidad en su
busca para su posterior representación— depende
más de la sensibilidad y del sentimiento que se ponen
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